Indios en EEUU: la minoría invisible o el 1% más americano y a la vez marginado

Los nativos americanos son la población más afectada por la pandemia del coronavirus con una tasa 3,5 superior a los blancos. Arrastran las peores cifras en economía, educación y salud desde hace dos siglos.

El 27 de marzo de 1863, el presidente Abraham Lincoln no dejaba de mirar los mapas de movimientos de las tropas sudistas que, batalla tras batalla, se acercaban al Norte. Pronto pasarían dos años desde que un puñado de estados del Sur declarase su independencia de Washington (y así salvaguardar su sistema económico netamente esclavista) y no había manera de encontrar un oficial de uniforme azul que parase los pies a los grises liderados por el general Robert E. Lee en su marcha triunfal hasta cruzar el río Potomac. En este contexto, el dirigente más famoso y respetado de la historia de Estados Unidos recibió en la Casa Blanca a varios jefes de la tribu Cheyenne que venían a pedir su mediación y consejo ante los excesos de los colonos allá lejos en las llanuras. La sociedad estadounidense

Lincoln escuchó brevemente sus palabras, pidió a uno de sus asesores que les explicase a los nativos sobre un globo terráqueo los logros del hombre blanco y les dejó dos mensajes. El primero: "Solo puedo decir que no veo la manera en que vuestra raza llegue a ser tan numerosa y próspera como la raza blanca excepto viviendo como ella, cultivando la tierra". Y el segundo: "Aunque ahora estemos inmersos en una gran guerra fratricida, no somos una raza tan dispuesta a luchar y matarnos entre nosotros como nuestros hermanos rojos". Meses después, coincidiendo con el 4 de julio, el Norte le daría la vuelta a la guerra en Gettysburg y en Vicksburg (pese, al nombre, a medio continente de distancia ambos) y, para el mes de noviembre, sobre el cementerio aún reciente de la primera batalla, Lincoln pronunciaría su discurso más famoso que terminaba proclamando un Gobierno del "pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

Siglo y medio después, Lincoln acertó de lleno en su primer mensaje. La población nativa americana ronda apenas el 1% de los 330 millones de habitantes de Estados Unidos y podría subir unas pocas décimas si en la ecuación de los datos que aporta el Censo oficial se añade algún grado de mestizaje (lo que no es tan habitual como entre otras razas). Pero no demasiado más. En cuanto a la prosperidad, que sea un informe elaborado por la Comisión de Derechos Civiles del Congreso de finales de 2018 y llamado ‘Promesas Rotas’, el que lo resuma: "Debido en parte a la incapacidad del Gobierno federal de proporcionar adecuadamente el bienestar de los nativos americanos durante los pasados dos siglos, los nativos americanos continúan estando al fondo del todo en todos los indicadores americanos de salud, educación y empleo".

Y sigue: "Los nativos americanos son más proclives a vivir en la pobreza, estar en el paro, sufrir violaciones o abusos y ser asesinados por la policía que ninguna otra raza o grupo étnico". Por poner varios ejemplos: la mortalidad infantil es 1,6 veces superior a la de los blancos, la esperanza de vida es 5,5 años menor a la media nacional, arrastran la tasa más baja de escolarización superior (solo un 17% acaba el instituto)… y "los tratados incumplidos han dejado a muchas reservas sin los servicios mínimos de agua potable, fontanería, electricidad, internet, servicio de telefonía, transporte público, vivienda, hospitales y escuelas".

En resumen: "Las comunidades casi siempre aisladas, la ausencia de una inclusión integral y apropiada en los medios de comunicación y en los libros de texto y la discriminación persistente han convertido a menudo su realidad en invisible hacia los demás americanos". Todo esto, que fuera escrito hace año y medio no podía derivar de otra manera que en un golpe gigante de la pandemia del coronavirus sobre esta población. Según reveló el CDC (Centro de Enfermedades Infecciosas nacional) en un escueto informe publicado hace una semana, la enfermedad afecta a los nativos 3,5 veces más que a los blancos (entre los negros, el impacto es de 2,6 veces más y entre los hispanos, de 2,8).

Nada ha cambiado desde finales de 2018 a este verano de 2020 porque nada ha cambiado a lo largo de la historia de los primeros pobladores de Estados Unidos. El informe del Congreso de entonces, de hecho, era una actualización de otro famoso estudio, publicado por la misma institución, de 2003 que ya llevaba por nombre otro muy revelador: ‘Una crisis oculta’. Entre uno y otro, la principal conclusión es que no se ha avanzado ni un milímetro en lo que ya se dijo a principios de siglo.

Tampoco ha variado el punto de partida: el Gobierno americano y los nativos han firmado nada menos que 375 tratados, leyes o acuerdos para "definir la especial relación gobierno a gobierno entre el federal y los gobiernos de las tribus", recuerda el último documento presentado al Congreso antes de apuntalar otra evidencia: "Aun así, el Gobierno americano ha forzado a muchos nativos americanos a renunciar a su cultura, y a lo largo de la historia, no ha proporcionado una asistencia adecuada para garantizar a los nativos americanos sus necesidades en infraestructuras, autogobierno, vivienda, educación, salud y desarrollo económico".

Desde que el hombre blanco (fuera español, inglés u holandés) pusiera el pie en tierra americana, los indios han sido empujados desde sus lugares originarios hacia el interior más despoblado, tal y como se establecía en cada uno de esos acuerdos a los que los indios se acostumbraron a que fueran rotos por la parte federal. Porque era habitual que allá donde se reubicasen se encontrasen nuevos recursos (desde oro a petróleo) que forzaran a un nuevo exilio forzado. Pasó con el Sendero de Lágrimas en la década de 1830, cuando miles de cheroquis y choctaw se cruzaron medio país a pie desde la costa atlántica hasta el oeste del Mississippi y morirían a cientos de hambre y frío por el camino.

Pero el ejemplo definitivo y más famoso vino en la década de 1870, cuando a las distintas familias de los sioux se les permitió quedarse en las Black Hills (que ellos consideraban territorio sagrado), al oeste de Dakota del Sur hasta que se encontró una veta de oro y el presidente Ulysses S. Grant les pidió una vez más abandonar la tierra. Arruinadas las arcas públicas tras la Guerra Civil, el Gobierno tenía que pagar el ferrocarril que corría hacia el Pacífico y necesitaba cualquier dinero. Lideradas por Toro Sentado, las tribus de las praderas se negaron a dejar sus bosques y Washington forzó una expulsión obligada ante la que se rebelaron (en el campo de batalla, al frente se pondría Caballo Loco) y terminaría con la masacre de Little Big Horn, el fin del Séptimo de Caballería y, una vez recuperados del golpe en la Casa Blanca, el contraataque definitivo de las tropas federales que obligó a los sioux a refugiarse en Canadá. Hoy, en las sagradas Black Hills se levanta el famoso Monte Rushmore, con el rostro gigante esculpido en piedra de los presidentes más ilustres. 

Esta política de reclusión o expulsión no terminaría hasta finales del siglo XIX, no sin pocas de las llamadas 'guerras indias' y creaciones de reserva y medidas de confinamiento. Solo entonces, tras décadas de desnaturalización, se asentaron de una forma más fija y hoy día son casi 600 las poblaciones nativas oficiales sobre unas extensiones de terreno que, de sumarse todas en un solo lugar, harían a la nación india el cuarto estado más grande del país.  Solo la nación de los navajos (que ocupa parte de Arizona, Utah y Nuevo México) es más grande que una decena de estados. En teoría, como dicen estos informes oficiales del siglo XXI, el Gobierno federal debía abastecer a las tribus de los recursos suficientes en igualdad de condiciones.

Otra promesa incumplida. Según datos recabados por el Congreso Nacional de Indios Americanos de distintas fuentes, es en la salud donde más se notan las diferencias entre un indio y el resto de los americanos en cuanto a carencias básicas. Además de una esperanza de vida de más de un lustro menos que la de los blancos, los nativos tienen 1,3 veces más posibilidades de sufrir un ataque al corazón; 3,2 veces de sufrir diabetes y acarrean la tasa de suicidios entre los jóvenes más alta del país (y 2,5 veces superior a la media).

De lo poco que sí han podido presumir los nativos en este tiempo es de cierta independencia. Los territorios indios están delimitados por vallas y fronteras y dentro de las reservas la justicia y la policía son tribales. Eso no ha quitado que, como ocurre siempre con cualquier población que sufre todas las taras de la desigualdad, la delincuencia sea superior a la media. Muy superior, también en este ámbito. En datos de la misma asociación del Congreso Nacional de Indios Americanos, el 84,3% de las mujeres nativas sufren algún tipo de violencia en algún momento de su vida y el 56,1% han sufrido una agresión sexual.

Esta violencia secular y machista, de raza y económica, tiene una explicación en un aspecto de la justicia del hombre blanco respecto al indio que es uno de los grandes lamentos hoy día de la comunidad: cualquier delito mayor cometido por un blanco dentro de una reserva india debe ser investigado por una agencia federal (el FBI, por lo general) y las autoridades indias solo pueden perseguir y juzgar a los indios que cometen delitos sobre indios. Como quiera que el 96% de los crímenes sobre mujeres son a mano de blancos (según datos del Centro de Investigación Indian Law) apenas se persiguen estos crímenes. Más aún si no aparece el cuerpo jamás. En 2013, y con Obama en la Presidencia, se permitió a los indios juzgar a cualquier caso de violencia doméstica en el hogar sin importar la raza del perpetrador. Pero la excepción solo se aplica a parejas estables o matrimonios que vivan en la reserva.  

Así que cuando el movimiento 'Black Lives Matter' ha sacudido las entrañas y las calles de medio país, las distintas asociaciones de nativos americanos han emitido comunicados de apoyo y comprensión... aunque en todos ellos también han recordado que ellos saben muy bien de lo que se habla cuando se trata de olvido y desigualdad. No quieren ni suelen compararse a nadie. Ellos ya tienen de sobra con su propia historia que arrancó mucho antes de que el hombre blanco llegase a sus praderas.// La Información  

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