12/31/2016

En 1776 Italia, tal como la entendemos hoy, no existía: le faltaba poco menos de un siglo para nacer. Sin embargo, aunque ellos todavía no lo supieran, sí existían de una forma muy heterogénea los italianos; unidos, sobre todo, gracias al italiano –el idioma– por lo menos desde los tiempos de Dante. Lo cual no quita, en efecto, que la Península Itálica, a finales de siglo XVIII, estuviera políticamente más que desunida. Pero al cruzar el Atlántico, bien es conocido que en esa fecha estaba naciendo una nueva realidad, el primer producto estatal y original de la Ilustración: el 4 de julio, en Filadelfia, nacían unilateralmente los Estados Unidos de América.

Dos siglos después de su muerte, Filippo Mazzei (Poggio a Caiano, Italia, 1730 – Pisa, Italia, 1816) es uno de los grandes desconocidos de la Historia de Italia y de Norteamérica. Pocos transalpinos y estadounidenses de hoy en día conocen de cerca que, tras la contribución de Cristóbal Colón y Américo Vespucio; otro «italiano» contribuyó de forma decisiva al nacimiento de los Estados Unidos.

Londres, 1767. Filippo Mazzei opera como enlace comercial al servicio de Leopoldo de Habsburgo-Lorena, entonces Gran Duque de Toscana, quien le encargará una compra de 10 estufas –una de ellas se puede visitar hoy día en Florencia– recién diseñadas por alguien que marcará el devenir de la Ciencia primero, y de la Historia después: Benjamin Franklin, que siempre será recordado, entre otras cosas, por inventar el pararrayos en 1752. Y Padre Fundador de los Estados Unidos de América.

Fundadores de Estados UnidosMazzei quiere conocer a Franklin para pedirle consejo acerca del mejor modelo de estufa, dado que el proceso de fabricación de un producto como ése tan sólo se inspiraba en el diseño original de su inventor. Tras conocerse, la química intelectual será inmediata. La Ilustración les unía en el mismo equipo. Así pues, en plena efervescencia prerrevolucionaria, Benjamin Franklin y otros intelectuales como John Adams –más tarde el 2º presidente de Estados Unidos–; avisaron por carta a Thomas Jefferson –quien sería luego tercer presidente– que había un italiano dispuesto a luchar por la causa de las colonias, empujando por los ideales republicanos. Pero Filippo Mazzei no se marchará enseguida con ellos al otro lado del Atlántico.

El itálico primero quería informar de sus intenciones a Leopoldo de Habsburgo-Lorena, quien rechaza por completo una implicación de Toscana en el proyecto norteamericano, sabía bien los ingleses tardarían bien poco en llegar al puerto de Livorno. Pero el soberano le allanará el camino, permitiendo la puesta a punto del «Triumph», el velero que saldrá desde Livorno, en 1733, con Mazzei embarcado. El toscano llevará a su lado una copia del libro «De los delitos y las penas», escrito por Cesare Beccaria en 1764. Un libro que Jefferson, con el tiempo, leerá.

Noviembre de 1773, Virginia. El italiano, tras desembarcar, observa la pronta llegada de los hombres de confianza de Jefferson, quienes le anuncian el deseo de éste de que el transalpino resida en las inmediaciones de su casa. Así pues, Jefferson y Mazzei vivirán, como vecinos, toda la Revolución Americana.

Una de las suertes de Filippo Mazzei, de hecho, es que Thomas Jefferson fuera un completo enamorado de Italia, de su arte y de su idioma, que con el tiempo terminará aprendiéndolo también gracias a las clases del propio Mazzei. La pasión del futuro presidente por la arquitectura itálica le llevará a edificar su casa de Monticello (Virginia, Estados Unidos) –hoy Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO– basándose en el estilo paladiano.

La estrechísima colaboración de Filippo Mazzei como consejero de Thomas Jefferson hará del italiano uno de los fundadores silenciosos de los Estados Unidos de América. Jefferson, el principal redactor de la Declaración de Independencia de 1776 –que Mazzei no firmó–, incluyó personalmente dos conceptos que pasarán a la Historia: «Todos los hombres son creados iguales» y «la búsqueda de la felicidad» como derecho inalienable. Los ideas tomados directamente del pensamiento y la obra de Filippo Mazzei, tal como afirmará más tarde John Fitzgerald Kennedy en el libro «Una nación de inmigrantes» (1964).

La citación indirecta fue desde luego un orgullo, aunque no estará exenta de polémica. Con el tiempo, se conocieron unos escritos de Mazzei donde asegura que los Padres Fundadores utilizaron el «derecho a la felicidad» como un instrumento al servicio del «derecho a la propiedad», lejos de un concepto filosófico que él promovía destinado a la constante aspiración de mejorar «uno mismo» para mejorar «a la comunidad». Por si fuera poco, denunció también la retirada formal de sus «declaraciones en contra de la esclavitud» que, según él, en aquel entonces defendían tanto los Estados sureños como norteños, que en conjunto representaban una población de 2 millones de personas. Pero más allá de todo eso, Mazzei seguirá contribuyendo con fuerza a los debates ilustrados propios de la vida política de la Revolución Americana.

Una vez que fueron creados los Estados Unidos de América y tras la victoria en la Guerra de Independencia, éstos pasan a convertirse en aliados de Francia en clave antibritánica. El primer embajador estadounidense en el país galo será Benjamin Franklin que tendrá la misión de buscar financiación para la nación recién creada; acompañado por Filippo Mazzei como representante del Estado de Virginia, una de las ex colonias más potentes en términos económicos y comerciales. A las puertas de la Revolución Francesa. Que Mazzei contemplará como observador, y como compañero de juergas parisinas de Jacques-Louis David, futuro pintor de Napoleón que le dedicará un retrato al italiano, hoy visitable en el Museo del Louvre.

En los siguientes años de su vida, Mazzei cubrirá cargos al servicio de los primeros cinco presidentes de los Estados Unidos, todos amigos suyos. Más tarde, será contratado como experto ilustrado en varios países de Europa y, entre otras cosas, contribuirá a la redacción de la Constitución polaca de 1791. Morirá en Pisa (Italia) en 1816, pero será Thomas Jefferson quien gestionará las propiedades de aquel amigo que impulsó su pasión por Italia. Y que «aportó» la «igualdad» y la «felicidad» a los Estados Unidos de América.

La anécdota curiosa por la que suele ser recordado Filippo Mazzei tiene relación con un desliz: la conocida como «Mazzei Letter», enviada el 24 de abril de 1796. Un error que su amigo Jefferson nunca le echará en cara. Se trata de una misiva en la que el estadounidense detallaba a Mazzei sus críticas a la recién nacida democracia americana, algo muy suculento para los defensores de la Restauración europea. Inexplicablemente, la carta terminó citada en un periódico florentino y parisino, creando un escándalo que comprometió directamente al futuro tercer presidente de los Estados Unidos. En un contexto en el que el debate estadounidense se centraba en un posible acercamiento a Londres; Thomas Jefferson observaba en su carta el auge de la importancia estructural del dinero entendido como un nuevo monarca, que podía comprar votos en una democracia deficitaria. Un discurso extraordinariamente actual. Dos siglos después.// La Razón

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