10/08/2016

En octubre de 2001, pocas semanas después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, y mientras crecía la expectativa por el eventual ataque de Estados Unidos contra los talibanes en Afganistán, al otro lado de la frontera, en Pakistán, el comentario más recurrente entre los analistas y en las calles de Islamabad era que si las tropas estadounidenses decidían atacar no les saldría fácil salir después de ese país. Algunos incluso recordaban un libro de mediados de los 90: The Bear went over the Mountain (El Oso atravesó la Montaña), el descarnado recuento elaborado por oficiales soviéticos del fracaso de los 10 años de invasión de la Unión Soviética a Afganistán entre 1979 y 1989.

“Cuando la URSS decidió invadir Afganistán evalúo sus posibilidades de éxito a la luz de su experiencia en Alemania del Este, Hungría y Checoslovaquia. Desafortunadamente para sus soldados (…) ignoraban no sólo la experiencia de los británicos en esa misma región, sino también su propia experiencia con la resistencia de los Basmachi entre 1918 y 1933. Producto de ello, los soviéticos encontraron que sus tácticas eran inadecuadas para afrontar los desafíos planteados por la dificultades del terreno y los altamente motivados mujaidines”, escribió Hans Binnendijk, director del Instituto de Estudios Estratégicos en la presentación de la última edición del libro.

A 15 años de ese 7 de octubre de 2001 que marcó el inicio de los bombardeos de Estados Unidos y Reino Unido contra posiciones de los talibanes en Afganistán, las entonces advertencias de los paquistaníes y las palabras de Binnendijk sobre el fracaso soviético suenan como una profecía para las fuerzas estadounidenses. Las tropas de ese país siguen atrapadas en lo que los británicos bautizaron como “el cementerio de los imperios”. Es la guerra más prolongada en la que ha participado EE.UU en su larga historia de conflictos: más de 5.400 días en guerra. Casi 3.400 soldados extranjeros han muerto en ese país desde el inicio del conflicto, de los cuales 2.300 son estadounidenses y más de 20 mil efectivos de ese país han debido regresar heridos a casa. Además, 26 mil civiles, en su mayoría afganos, han perdido la vida.Datos de Estados Unidos

De Bush a Obama

“De cara a las nuevas amenazas de hoy, la única manera de conseguir la paz es persiguiendo a quienes la amenazan. No pedimos esta misión, pero la cumpliremos con éxito”, dijo el Presidente George W. Bush la noche del 7 de octubre de 2001 en un discurso emitido desde la Sala de los Tratados de la Casa Blanca. Exactamente 14 años después, en octubre de 2015, el Presidente Barack Obama anunció su decisión de mantener tropas en Afganistán, al menos hasta 2017, revirtiendo su compromiso anterior, porque sostuvo “no permitiré que Afganistán sea usado como un santuario del terrorismo para atacar otras naciones”. Entre uno y otro discurso, más de 900 mil efectivos norteamericanos han viajado a Afganistán, una guerra descrita como el Vietnam de Obama.

Joe Biden había sido categórico en su debate de Vicepresidentes en 2008 sobre el tema: “Nos vamos de Afganistán, nos vamos en 2014. Punto final”. Pero la promesa no se cumplió y el temor a un rebrote de la amenaza talibán planteada por el Pentágono convenció a Obama de permanecer y seguir invirtiendo en la que él describió como “la guerra correcta”, en comparación con la guerra de Irak.

El despliegue de sólo un soldado le ha costado a Estados Unidos US$ 1 millón al año y la guerra implicó hasta 2015 un desembolso de US$ 1 billón. Si bien las tropas debían retirarse en 2016, el Presidente Barack Obama decidió dejar casi 10 mil efectivos al menos hasta 2017 y a la luz del acuerdo firmado con las autoridades de Kabul podrían quedarse hasta 2024. Pese a ello, la guerra ha permanecido casi olvidada debido a la mayor visibilidad y magnitud del conflicto de Irak -los soldados muertos en ese país llegan a 4.500, casi el doble. Fue el reciente atentado en Nueva York cometido por un joven de origen afgano lo que, sumado a los 15 años de los atentados al World Trade Center, volvieron a instalar el conflicto en la mente de los estadounidenses. El propio Ahmad Rahami -acusado del bombazo en Manhattan- había viajado en varias ocasiones a Pakistán y Afganistán desde 2006 y había criticado el actuar de Estados Unidos en este último país. Su padre, además, habría luchado en Afganistán contra las fuerzas soviéticas antes de viajar a Estados Unidos en 1995.

Violencia en alza

En 2014, las fuerzas de la OTAN traspasaron la seguridad a las autoridades afganas, aunque Estados Unidos mantuvo un contingente militar. A su partida dejaron un país evidentemente distinto al que habían recibido más de 10 años antes. El ingreso per capita se había multiplicado por cinco, de US$ 125 en 2001 a US$ 600 en 2012 y la cobertura en la escuela primaria pasó de 1 millón a más de 10 millones -en un país de 30 millones de habitantes- la mayor cobertura escolar de la historia de Afganistán. En ese período se produjo además el primer traspaso de poder entre dos Presidentes afganos elegidos democráticamente. Pero pese a las señales de recuperación, el país está lejos de haber sido pacificado. Un ejemplo de ello es que 2015 registró el mayor número de víctimas civiles desde 2001 y sólo desde el año pasado se han llevado a cabo más ataques con drones en su territorio (480) que todos los realizados en Pakistán contra los talibanes desde 2004 a la fecha (424), según la Oficina de Periodismo de investigación, una Ong con sede en Londres que mantiene un registro de los ataques.

Hace 15 años, las fuerzas lideradas por Estados Unidos demoraron poco menos de dos meses para derrotar al régimen talibán. Kabul, la capital, cayó en manos de la Alianza del Norte -que reunía a los grupos afganos opuestos a los talibanes- en noviembre y un mes después el bastión de los seguidores del mulá Omar, Kandahar, también capituló. Sin embargo, los talibanes sólo se replegaron, algunos cruzaron la frontera hacia las zonas tribales de Pakistán, donde lograron protección, y comenzaron a rearmarse. Desde entonces la presencia talibán en territorio afgano no ha hecho más que crecer y este año llegó al máximo nivel de expansión desde 2001.

Las malas noticias para Estados Unidos en este decimoquinto aniversario no terminan ahí. La guerra se ha vuelto más compleja. Desde el año pasado un nuevo grupo se incorporó al conflicto, el Estado Islámico, que hoy lucha tanto contra los talibanes por ampliar sus zonas de control, como contra el gobierno de Kabul. Y según versiones de la inteligencia de Estados Unidos, citadas por la prensa de ese país, este año incluso Al Qaeda habría vuelto a instalar su cuartel general en Kandahar, desde donde escapó en 2001, ya sin Osama bin Laden -muerto en 2011 en Abbottabad, Pakistán-, sino con Ayman al Zawahiri a la cabeza y con la posibilidad de que un hijo del saudita, Hamza Bin Laden, de 25 años, tome las riendas de la organización terrorista.

“2016 corre el riesgo de no ser mejor, o incluso de empeorar, con respecto a 2015”, dijo a comienzos de año el general John Campbell, comandante de las tropas estadounidenses en Afganistán. Y las cifras parecen estar dándole la razón.

Las muertes en la primera mitad de este año subieron un 18% con respecto a igual período del año pasado, y un reciente informe del secretario general de la OTAN señaló que entre marzo y junio de este año “la situación de seguridad se caracteriza por continuos y crecientes enfrentamientos, el más alto número choques armados registrado en Afganistán desde 2001”. La guerra está lejos de acabar y el país parece seguir haciendo honor a su apelativo de “cementerio de los imperios”.// La Tercera

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